Presentación

Aqui podemos presentarnos cada uno. ¡Animo! siempre es mas facil cuando se sabe con quien se habla

Re: Presentación

Notapor nacidoparasumision » Mar Mar 29, 2016 6:35 pm

Es de sumo lamentable que una página tan benemérita y de utilidad pública como BDSMCanarias no disponga de una sección dedicada al estudio del arte de la muy noble y divina Dominación Femenina desde una perspectiva estrictamente científica y profesional, lo que me lleva –muy a mi pesar ;)– a tener que insertar las siguientes líneas en el área reservada a las presentaciones, exhibiéndome, o mejor dicho exponiéndome, con ello, a ser fácil pasto de insana lectura para desahogo libidinoso de la muy extendida y rica fauna de salidos, degenerados y demás tropa de pervertidos que lamentablemente inunda la red. Muy por el contrario, y pese a lo que con evidentes malas intenciones pudiera insinuarse, doy fe por mi conciencia y honor de que mi única y más sincera motivación ha sido siempre y en todo momento la de reflejar en estos textos, y de forma académica, aséptica, cual tesis doctoral, y carente de maliciosos pensamientos, algunas experiencias psicológicas y somáticas que, de seguro, estimo que serán de gran interés para la comunidad de especialistas dedicada al mundo de la más rigurosa y seria sexología. Apártense, pues, de este artículo –y se ruega notifíquese al moderador en caso contrario– las legiones de obsesos, babosos y pajilleros compulsivos que con malsanas, impuras e inconfesables intenciones pululen por aquí esperando encontrar, de forma gratuita, lo que de otra manera tendrían que comprar por triplicado, en esos, ahora de moda, ladrillos presentados en forma de literarias y obscenas trilogías.
Hecho el anterior preámbulo, a modo de necesario y purificador exorcismo que aleje toda duda sobre la pulcra rectitud de mi proceder, tócame ahora confesarme. Bien, traguemos saliva, y vamos allá... Es un hecho empíricamente constatado que mis fantasías sexuales han experimentado variaciones a lo largo del devenir del tiempo; que aquello que me ponía hace años ya no me seduce tanto, y que las perversiones que al principio no parecían impactarme, desatan ahora en mí la más profunda excitación erótica. ¿Cambios hormonales? ¿Excesivo consumo de soja con fitoestrógenos? No lo sé. ¿Le pasa lo mismo al resto de la gente? Lo ignoro, y aprovecho la ocasión para preguntárselo públicamente a mis distinguidas lectoras. Pero dejemos de divagar y centrémonos en mi historial de execrables y oscuras fantasias, que para eso estoy aquí, y supongo que también por eso y no otra razón es por lo que me leen ;). Corrían los primeros años de este presente siglo XXI, cuando a través de internet, y por inocente, ingenua y pura casualidad, encontré en la red un tipo de rueda que atrajo mi atención. Desde entonces quedé obsesionado con aquella, tanto que –y nunca mejor dicho– no hacía más que darle vueltas y vueltas al asunto, especialmente a esas horas en las que las personas honestas y responsables se disponen a descansar con la sana intención de madrugar al día siguiente. Yo, en cambio, y comportándome de forma totalmente opuesta a como lo hace la gente decente y con fundamento, en lugar de contar ovejitas dedicaba mis pensamientos a girar y girar en la rueda... Me explico y confieso. Recomencemos, o, mejor todavía, rodemos... En ese sugerente espacio y momento para el afloramiento de mi lado más sombrío y depravado, y que no puede ser otro que el dormitorio y en horas del nocturno reposo, mientras estaba acostado y abrazado a la almohada, he aquí que mi mente comenzaba a excitarse imaginándome que me encontraba en el sótano de una fortaleza aislada en un bosque tenebroso... ¡Uhhhh!... :? Fuera, la noche sólo se iluminaba con los relámpagos de la tormenta que no puede faltar en toda película de terror, la cual, junto a la intensísima lluvia que caía, así como los ensordecedores truenos, daba lugar a una siniestra música de fondo que retumbaba en las bóvedas de la medieval construcción. Dentro, ¡¡oh, Dios mío!!, entre aves nocturnas y murciélagos, estaba yo, y, como no podía ser de otra manera, inmovilizado... :twisted: Sí, ahí, en ese sótano tenuemente iluminado por velas, con música de cantos gregorianos que apagaban mis gemidos, me encontraba yo, o, mejor dicho, ahí me imaginaba que me tenía secuestrado una pervertidísima mujer, dignísima amante de Lucifer. Pero, dirán ustedes, ¿qué tiene que ver eso con la rueda de mis pesadillas? Anoten en Google las palabras “wheel bondage” y busquen imágenes de ello... :o. Sí, no se han equivocado, porque en aquel sótano había una de esas fantásticas y escalofriantes ruedas giratorias de bondage, prodigio de la artesanía más perversa, que, con sus más de 2 metros de diámetro, forrada totalmente en negro y bedesemero cuero, permite crucificar a un sumiso y luego hacerlo centrifugar sin parar, a merced del alma diabólica que domina la escena... Y sí, en esa rueda estaba el que esto escribe, completamente inmovilizado, con mi cabeza encapuchada orientada hacia el suelo, sin nisiquiera poder moverla al estar firmemente sujeta a la rueda con correas, y tener mi cuello inversamente erecto por un altísimo collarín parecido a esos que usan las mujeres-jirafa de Birmania y Tailandia. Subamos la vista y contemplemos lo que sucedía en el hemisferio norte de aquel planetario, donde mis piernas aparecían dirigidas hacia arriba –bien abiertas– haciendo la V de la victoria. En cuestión de indumentarias, el color negro de la rueda hacía juego con la también subsahariana tonalidad de mi vestido de látex, no descubriéndose ninguna parte de mi cuerpo. ¿Dije “ninguna”? Rectifíquese, y corríjase “casi ninguna”, aunque sin entrar en detalles ruborizantes, pues no pretendo escandalizar a mi audiencia de educadísimas y virtuosísimas seguidoras. Retómese la respiración y prosígase con nuestra narrativa de este drama de la vida real. Decía que, entre otras consecuencias de mis ataduras, había perdido también en dicha rueda la capacidad de hablar, pues mi boca se encontraba colmatada con una mordaza hinchable, que, con extremo sadismo y crueldad, me había introducido aquella despiadada Dominatrix, luego de cerrarme la nariz con sus dedos terminados en larguísimas uñas de vivo color carmesí, y ricamente adornados con multitud de anillos de plata rematados de preciosas turquesas, consiguiendo así que yo, sofocándome al no poder hacer uso de mis fosas nasales, abriese mi boca, aprovechancho entonces la susodicha para introducir a continuación –¡¡cuánta malicia!!–, aquella herramienta destinada a imponer el voto de silencio. Fuss..., fuss..., fuss..., se escuchaba al inyectar la Mistress el aire en la bola que, dilatándose cada vez más, iba apagando mis desesperados lamentos. Completábase mi total inmovilidad con la ceguera que me provocaba un antifaz. Y en cuanto a mis piernas, aparecía calzado con unas botas de punta, de las llamadas mosqueteras, de napa negra, suela roja, y provistas de altísimo tacón extrafino. Finalmente e intensificando todavía más mis restricciones, mis manos carecían de la capacidad de abrirse o cerrarse, al estar enfundadas en guantes especiales que impedían el movimiento de los dedos. Así de espeluznante y dantesca –¡¡ah, pobre y desdichado esclavo!!– era la ambientación que precedía a la pedagógica y lasciva disciplina que vendría a continuación. Y ahí estaba ella, desbordante de elegancia, glamurosa, a la que no podía ver, pero sí escuchar como se acercaba lentamente hacia mí, con aquel sensual taconeo de sus maxibotas que el eco de la estancia amplificaba a medida que se aproximaba a su víctima (toc-toc..., tooc-tooc..., TOC-TOC..., TOOC-TOOC...). Seguidamente, la Dómina, ataviada con un mono de cuero negro, cubierto parcialmente su rostro por una capucha a lo catwoman, piercing en la nariz, labios y larguísima melena rojo fantasía recogida esta última en cola de caballo, perfumes de Weleda (pues era una ecoDómina y, ¡oh, harta rareza en su especie: no fumaba!), ademanes de extremada parsimonia, dulce y educada voz, suaves modales, además de un perverso y ritual refinamiento, comenzaba a llevar a la práctica aquella coreografía digna del mismísimo Maligno. La Mistress alternaba las caricias –¡ummm!– con sus contrarias sensaciones, pinzando primero –¡ay!– las partes más puntiagudas de lo que escondía el precioso sujetador color púrpura que yo llevaba bajo mi traje enterizo de látex. Luego, empleándose con evidente saña, inició un rítmico, circular e “in crescendo” movimiento de sus manos, con las que, empuñando un flogger de múltiples cintas, acertaba con diabólica precisión a descargar sus andanadas en aquel único sector de mi cuerpo sin cubrir de látex, y en el que se da la preciosa circunstancia de ser el punto donde mejor se distingue la natural diferencia entre hombres y mujeres. No acababa en ello la terapia de esta Domadora para introducirme en el mundo de la adoración a la feminidad, ya que poco después –y para mejor iluminar la zona– dejaba derretir, gota a gota, una vela en tal especial lugar. Por último, y entre risas sardónicas, la infame Dómina pasó a comprobar, en clase de física práctica, la conductividad eléctrica que en el mismo sitio podía experimentarse. ¿Sueños míos? ¿Delirios? ¿Alucinaciones? No únicamente, pues he de confesar que tuve la inmensa desgracia e infortunio de llegar a padecer en vivo lo que he narrado :o. ¡¡Oh, sublime escena de terribles suplicios, frenesí de tormentos y tristísimas ataduras de depravación!!...
Despertemos. Volvamos a la realidad, y admitamos que también es verdad que quizá era más el ruido que las nueces, o que el morbo de la fantasía está en pensar en la misma, más que en llevarla a la práctica, porque reconozco que aquella experiencia tampoco me sirvió para llegar al Nirvana, ni al soñado “subspace” que la Sumo Pontífice de la Dominación Femenina, nuestra venerable Elise Sutton, profetiza para los fieles que lean –después de comprar :roll:– sus libros y sigan sus doctas y magistrales enseñanzas, y a semejanza de las tierras prometidas, paraísos celestiales y colectivismos sin clases sociales que todas las religiones prometen a sus seguidores (http://dominacionfemenina.blogspot.com. ... elise.html). En cualquier caso, la parte terapéutica de aquella sesión del curso de iniciación a la dulcísima servidumbre amorosa reside en que una vez que has probado la fantasía, te quedas como más relajado, más tranquilo, más sosegado, advirtiéndose que estoy hablando siempre en el sentido espiritual de estas palabras, y no en el de sus sinonimias relativas a lo que temporalmente se experimenta en el postevacuatorio intestinal. Sin embargo, lo dicho hasta aquí no me impide reconocer que yo, que soy un yonqui del romanticismo, he fantaseado igualmente pensando en estar acompañado de una chica, muy cogidos de la mano y abrazados, y, ¡ahhh!, herejía no admitida por algunas personas: apoyar mi cabeza en su hombro buscando ternura. Tanto la rueda de bondage como el romántico encuentro son formas de interactuar eróticamente, con la única diferencia de que la primera no está aceptada socialmente, mientras que la segunda sí –aunque no siempre–. Y por extraño que parezca, pienso que ambas formas de sexualidad son perfectamente compatibles y hasta complementarias. ¿Friki? ¿Locura? ¿Extravagancia por mi parte? Pero vamos a ver. ¿No es cierto que los chicharreros divinizan su Cruz apodándola “Santa”; le dedican un día del mes de mayo; se visten de magos y bailan a cuenta de ella; la hermosean con flores, y hasta la sacan en procesiones? ¿Y no es verdad también que, de modo solemne, al jurar su cargo, Su Majestad (que Dios guarde) lo hace ante un geyperman claveteado a una cruz bonsái? Entonces, ¿quiere alguien explicarme el motivo de que mi gusto por ser crucificado en la rueda giratoria de bondage sea una “perversión” y algo escandaloso que no deben ver los niños, so pena de ser tachado de inducción a la corrupción de menores, mientras que la sádica –pues no es consensuada–, macabra y necrofílica representación de martirizar, crucificar y alancear hasta la muerte a un cristiano –y nunca mejor dicho– es visto como algo piadoso, al tiempo que se promueve, con no disimulada pretensión proselitista, que los menores de edad participen de la “escena”? No, no creo que sea cuestión de locura, ni de los santacruceros ni mía, sino que más bien diría que es una particular forma de cada cual de entender el relativísimo concepto de la pasión amorosa, ya sea amor místico o amor carnal. Pasión por la persona amada, en lo que se refiere al amor terrenal, y de igual manera que nos excita pensar en ser forzados por alguien al que deseamos, pero no nos haría maldita gracia ser violados por desconocidos en la vía pública. Como ven, sigo insistiendo en el amor como motor que hace girar al mundo –y mi rueda ;)–, y no sé, será que yo soy muy distinto al resto de los varones, pero ese mensaje que da título a ciertos libros de autoayuda, del tipo “Por qué los hombres quieren sexo, y las mujeres necesitan amor” nunca llegó a convencerme del todo. Pienso, por el contrario, que en una relación con una mujer de la que estuviese enamorado podría vivir sin sexo (léase penetración) pero no sin amor. Así que una de dos: o bien aquel título del libro responde a un tópico más falso que el pretendido talante democrático del number one podemita, o bien que dicho supuesto es cierto, en cuyo caso la única explicación que se me ocurre sería aventurar la hipótesis de que, como sospecho, y me encantaría confirmar, mi cerebro tiene más neuronas femeninas de las que cabría esperar en especímenes de la talla XY. (http://press.endocrine.org/doi/full/10. ... .85.5.6564). En fin, acábese con la disertación existencial, no hagamos dormir al personal como si estuviésemos ante un estéril debate parlamentario, y sigamos contando con pelos y señales, y desde el diván, esas vergonzantes experiencias que tanto me turban.
Con el pasar de los años, y no sé si por aquello de ir convirtiéndome en un viejo verde, mis parafilias han evolucionado más hacia el mundo de la feminización y del control de la sexualidad del sumiso. Respecto a lo primero, tendría que decir que determinar si la feminización es una “fantasía sexual” es algo difícil de analizar con cierta objetividad. Si partimos del supuesto teórico según el cual una fantasía sexual es toda aquella imagen con contenido erótico que nos representamos en nuestra mente cuando estamos sexualmente excitados, lo mío sería tanto una fantasía como algo que tiene que ver con la propia identidad. Porque lo cierto es que cuando salgo a la calle me calzo unos tenis Reebok blancos de los modelos Princess o Freestyle Hi, diseñados para chicas que hacen aeróbic, y me pongo también una chaqueta de color fucsia igualmente concebida para una clientela femenina, pero no tengo excitación sexual alguna en tales momentos. Simplemente me siento más cómodo psicológicamente, más a gusto conmigo mismo. Eso no quita para que la feminización, con lo que de fetichista conlleva, pueda también ser un ingrediente importante en cualquier escena de Dominación y sumisión. En fin, supongo que en esto las chicas podrán comprenderme, pues ellas saben por propia experiencia que el tópico de la mujer que se pone tacones pensando únicamente en ligar es falso en la mayor parte de las ocasiones, pues en realidad y casi siempre lo que se busca es hacer un ejercicio de autoafirmación femenina, o sentirse guapas, sin mayores pretensiones. En cualquier caso sí es cierto que en mi fantasía ideal, la escena bedesemera incluye ser feminizado, aunque nunca entendido como un castigo o humillación, sino más bien por su altísimo componente fetichista. No obstante, hay que hacer notar que si la feminización fuese exclusivamente una fantasía preorgásmica más, es presumible que, pasada la excitación del momento, decayese el deseo de vestirme de tal manera. Eso no sucede, lo que me lleva a concluir en que no hay sólo erotismo, sino también deseo de sacar fuera mi auténtica identidad. Si fuese lo primero, mis fantasías durarían menos que las criadas del Marqués de Sade, pero si el deseo permanece es porque aquel sentir va mucho más allá de preparar un ambiente adecuado para cualquier actividad de lo que habitualmente se entiende por sexual.
Todo el sermón anterior tiene que ver con mis fantasías de sumisión. Pero alguien podría señalar, y no le faltaría razón, que un verdadero sumiso debería soñar más con qué hacer por su Dueña, y no tanto en ser él mismo el centro de la relación dándole trabajo extra a ella, pues, se supone, debe ser su musa emocional quien realmente reciba todas las atenciones que se merece, y alrededor de lo que todo gire. Sí, ya sé que se entiende que ella también disfruta aplicándome aquellos particulares tratamientos de los que he hablado más arriba. Pero no todo tiene que ser actividad de su parte, y se supone que habrá otros momentos, en los que, por fatiga o porque simplemente le de su real o republicana gana, adopte un rol “pasivo”, en la medida que se abandone a recibir besos y adoración por su esclavo. Pero, ¿qué masajes podré darle si estoy totalmente amarrado? ¿Cómo podré pintarle las uñas, si mis manos están inmovilizadas? ¿Cómo podré lamer, saborear y degustar, cual exquisito gourmet, la parte cóncava de su particular V invertida? He aquí que entro de nuevo en trance, y mi fantasía de la rueda giratoria de bondage vuelve a dar otra vuelta de 360º, y me imagino que, estando cabeza abajo, mi Diosa me libera de la mordaza, no para detener la terapia reeducadora de tercer ciclo de Ciencias de la Feminofilia, sino para intensificarla en su grado máximo, por lo que inmediatamente empuja mis labios, lengua y boca hacia aquella parte de su anatomía donde mejor rendimiento tendría mi oratoria, consiguiendo así mi total entrega a su dicha y placer, convenciéndome con su utilísima y persuasiva docencia, que mi función en la vida consiste únicamente en hacer feliz a una mujer. En efecto, el sentido de la sumisión es ser consciente de que estás haciendo disfrutar a otra persona. Ella azotando sabiamente donde bien sabe :twisted: que estimula a su sirviente, y con la intención de lograr un nuevo record al conseguir superar la marca de los 300 lenguetazos por minuto por parte de su querido y fiel sumiso. ¡¡Oh!! ¡¡Cuánta sensualidad desbordante en medio de divinas torturas!! ¡¿Se puede concebir mayor intensidad, éxtasis y desenfreno amoroso?! ¡¿Es posible tan magna explosión de lujuria, pasión y perversión entre dos amantes?! Luego, pasada la tempestad amorosa, calmado el cuerpo de mi Señora tras los sucesivos e interminables seismos con epicentro inguinal que hicieron vibrar todo su cuerpo, llega la hora del siempre merecido descanso en su lecho rebosante de almohadones, no antes de ser convenientemente bañada entre espumas y perfumes por parte de su siervo, y en un ambiente deliciosamente rebosante de efluvios de sándalo y otras sustancias aromáticas, acompañado por una ténue y casi imperceptible música de relajación, al tiempo que se extinguen las pocas velas que no se usaron para derramar su cera sobre la piel del esclavo. Después de lo anterior sólo habrá que esperar el más dulce de los sueños para la Reina de la casa, que llegará insensible entre masajes de su sumiso, habiéndole previamente instalado a éste el dispositivo de castidad, convenientemente lubricado con unas gotas de tabasco :twisted:, para que cuando duerma a los pies de su Ama no deje de seguir pensando en ella, sin desperdiciar sus energías eróticas recurriendo al nefando, pernicioso y abominable vicio onanístico :(. Entramos, pues, en la última modalidad de fantasía a la que me había referido más arriba: la del control de la sexualidad del sumiso. Matizo, además, que la reinstalación del CD-6000s en la genitalia del individuo servil, no supone que éste hubiese estado libre de tan útil y maravilloso artilugio por mucho tiempo, pues sólo se le había retirado estando ya en la rueda de bondage, después de llevarlo puesto por prescripción facultativa durante muchas e interminables semanas seguidas, y con la misma finalidad que cualquier estudiante memoriza sus apuntes con vistas a pasar un examen. Traduzcamos a nuestro contexto: que el sumiso debe acumular energías eróticas para que, llegado el momento, su Guía, Maestra y Dueña las pueda rentabilizar como explosivo combustible hormonal en el siempre duro ejercicio de la doma y adiestramiento del novicio, hasta convertir a éste en un auténtico semental de la lingüística. Por eso hay que dejarle claro y recordarle al aspirante al dignísimo título de esclavo que si se le ha despojado de tan original y revolucionario aparato restrictivo, ha sido sólo momentaneamente, y por estrictas necesidades del servicio, a efectos de poder aplicarle sin obstáculos físicos la terapia adecuada que la Doctora en Dominación ha considerado esencial y necesaria en tan especial lugar, para con ello estimularlo en su cometido, que no será otro, como ya se ha dicho, que su máximo rendimiento en habilidades políglotas. Por cruel que parezca a las personas de corazones sensibles y espíritus permisivos o pusilánimes, no hay mejor garantía para que una mujer pueda ser feliz, que, siendo ésta totalmente inflexible, frene de forma tajante y con determinación el previsible, a la par que deleznable, zoológico instinto masculino de realizar el típico e inconfundible ejercicio gimnástico con su pelvis, expresado en aquel conocido y reprobable movimiento alterno de flujo y reflujo, y que inevitablemente traerá como triste y fatal consecuencia el debilitamiento de la libido del sujeto, una vez haya éste descargado su lácteo fluido. ¡No, y mil veces no! El Ama que se precie no debe ceder por nada del mundo a las pretensiones eyaculadoras de su esclavo, castigando con rigor y energía, fusta en mano desde un principio, la más mínima insinuación, súplica, o incluso inconsciente goteo seminal, que su siervo pudiese plantear o experimentar, con la infame, y condenada al fracaso, pretensión de evacuar su exceso de látex, ya que en la castidad absoluta y a perpetuidad de su sumiso reside la dicha de la Dómina, y por extensión de quien tiene la inmensa fortuna de servirla. Es más, el Ama ha de emplearse a fondo con la fusta aunque el sumiso no haya mostrado seña alguna de desear eyacular, flagelándolo con contundencia simplemente a modo de vacuna preventiva, que le servirá de eficaz argumento disuasorio frente a posibles debilidades de espíritu en la atormentada mente del siervo, recordándole a éste el debido celibato al que le obliga su condición de esclavitud sexual. Ya llegará, a su tiempo y por puras razones sanitarias, el momento para el higiénico y necesario ordeño del sumiso, recurriéndose si es preciso y para ello, a la versión FemDom del pecado sodomita, para lo cual bien que se cuidará la Mistress de que, movido por la picaresca, el esclavo no encuentre en ello un tosco sucedáneo de su proscrita, impensable y descartada satisfacción uretral. Porque de igual manera que una madre que quiere a su hijo le impone restricciones para que no haga cosas que pudieran herirle o causarle cualquier tipo de daño, una Mistress como Dios –o mejor dicho– el Diablo manda, sabrá hacerle entender a su queridísimo esclavo que si no lo deja tener orgasmos es por su bien y pensando en su futuro; que si le tiene prohibido bombear no es para causarle infelicidad y frustración, sino para todo lo contrario, ya que así, al alejarlo de la tentación egoísta, adictiva e insolidaria del autoplacer masturbatorio, pueda llegar a aceptar que nunca más volverá a conocer el zafio, burdo y deplorable goce de la eyaculación, pero ganando, por el contrario y a cambio de aquello, el inmenso premio de poder compartir emocionalmente los orgasmos de su Dueña y Señora, que él se encargará de proporcionarle por otros medios distintos a los que la tradición manda. Reflexionemos por un momento, y a modo comparativo, en el sanísimo funcionamiento interno de los partidos políticos; tomemos en consideración las sabias enseñanzas que de los periódicos ejercicios de regeneración se opera en los mismos, donde merced a enérgicos enemas se consigue liquidar a errejonistas y a cualquier otra perniciosa y nociva flora instestinal que podría perjudicar gravemente a la indiscutible, luz que todo lo alumbra, e infalible figura del Querido Líder de turno. Es precisamente gracias a la práctica del beso negro en sentido jerárquicamente ascendente que se logra el pleno funcionamiento de esas organizaciones, lo que no impide que los roles se inviertan cuando se trata de comportarse con los individuos situados en escalafones inmediatamente inferiores. Traslademos, por consiguiente, al mundo de la orgasmia comparada el mismo criterio, de tal manera que si ellas pueden gozar más, centrémonos en ello, exprimamos al máximo tal posibilidad, y renunciemos al marginal y efímero placer masculino que, como globo que se deshincha, sólo sirve para arruinar la, de otra manera, imparable dinámica lujuriosa femenina. ¡¿Hay acaso otro modelo de relación de pareja más refinado, eficaz y excitante para conseguir esa tan ansiada plenitud amorosa entre dos personas que viven una relación totalmente desigual pero en beneficio de ambos?! ¡¿Hay alguna otra forma de placer espiritual para el sumiso que, comprobando éste por sí mismo que al renunciar a un placer pasajero y momentáneo, gana a cambio el reconocimiento de su Ama; que le premiará su renuncia con afecto y reforzando las ataduras físicas y del alma que lo unen a ella?! ¡¿No es más lógico renunciar al fugaz y más tarde frustrante orgasmo masculino, si, a cambio de ello, se puede intensificar hasta límites insospechados los cualitativa y cuantitativamente explosivos orgasmos femeninos?!
Suena el despertador; estamos a finales de marzo, y han adelantado la hora; volvamos al mundo real; dejémonos de soñar, y abramos los ojos; situémonos por un instante en la realidad, y pongamos los pies –o mejor los taconazos– en la tierra, y confesemos que no contamos con datos estadísticos que nos permitan constatar que una pareja con unos usos y costumbres amorosos como los hasta aquí descritos tiene más éxito emocional y dura más en el tiempo que una pareja “vainilla”. Pero tampoco me importaría que fuese lo uno o lo otro, porque de lo que se trata es de poder sacar fuera lo que hay dentro de cada cual, y ya luego la práctica nos irá diciendo si la estrategia funciona o no. Y es que en eso consiste la exploración, de igual manera que probamos platos nuevos de comida o visitamos lugares desconocidos. Y por muy extrañas que resulten, en realidad todo esto que estoy contando no son otra cosa que fantasías románticas aderezadas con fetichismo y deseo de poseer o ser poseído en grado sumo, o lo que es lo mismo, amar y ser amado hasta casi morir de amor. ¡¡Ummm, sentirte fuertemente abrazado, inmovilizado, deseado por la persona amada!! ¡¡Delicias refinadas para satisfacción de personalidades sibaritas que gustan dejar que vuele su imaginación!! ¡¿Acaso no está totalmente aceptado el supuesto de que cuando una mujer está locamente enamorada de su amante, clava sus uñas en la espalda del mismo, y labra en ésta múltiples y paralelos surcos color granate, cuando, de forma salvaje, ensamblan y funden sus cuerpos en un abrazo de intensísimo amor?! ¡¿Es que nadie ha contemplado alguna vez esas comprometedoras marcas que han dejado en el cuello o los hombros de angelicales y virginales doncellas las mandíbulas de un amante fogoso, y de las cuales, ella, aunque un tanto ruborizada, no esconde su orgullo por llevarlas?! ¿No es cierto también que los más afortunados y elegidos de entre los devotísimos fieles de la Semana Santa de la ciudad de La Laguna se agrupan en torno a la cofradía llamada Esclavitud del Santísimo Cristo, denotando con ello su no oculto deseo, surgido de un inmaculado, puro y prístino amor, de ser flagelados, exhibidos públicamente y crucificados, a imagen y semejanza de su Señor? Pues eso, que las fronteras entre, por un lado, el amor místico y romántico, y por otro lado el BDSM, son extremadamente difusas, sutiles e imperceptibles, confundiéndose entre sí, no sabiéndose en ocasiones donde termina lo uno y donde empieza lo otro. Y lo mío es igualmente otro tanto de lo mismo, sólo que variando roles, estéticas y prácticas, siempre buscando originalidad, como se hace con los ingredientes de un exótico plato gastronómico. Por eso concluyo y sigo insistiendo en que todo esto es ¡amooor!, castísimo, dulce y tierno amor, que comienza con revoloteo de mariposas y cantos semicelestiales de pajaritos en un paisaje bucólico de nuestra campiña, y que termina, totalmente desenfrenado y fuera de sí, entre música de heavy metal y estrépito de cadenas, en una oscura mazmorra especializada en los diabólicos placeres bedesemeros :twisted:. Sí, creo, exalto y bendigo el amor romántico como fase previa a la locura de la total entrega y sumisión erótica, y lo hago porque lo he sentido, padecido y me ha dejado secuelas; y creo en su origen biológico, que no cultural, como pretenden hacernos creer –quizás porque nunca lo han experimentado– las nuevas teólogas y catequistas de género y demás religiones laicas de sustitución (http://www.pikaramagazine.com/2012/11/l ... triarcado/), a las cuales, confieso, me encanta hacerlas rabiar :mrgreen:.
Amén
Me gusta el otoño, porque es cuando las chicas usan las botas.
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Re: Presentación

Notapor nacidoparasumision » Mar Abr 26, 2016 11:18 am

Hasta hace pocas décadas los carnavales eran fiestas espontáneas, donde al llegar unas fechas del año la gente se vestía de lo que quería, y se comportaba de forma distinta a como mandaba la costumbre. Pero he aquí que con la expansión de aquellos y la competitividad entre los partidos políticos surgió de forma casi inevitable su institucionalización, manipulación y comercialización, de manera que lo que hasta entonces había sido algo popular, pasó a convertirse en una fiesta organizada y dirigida desde la cúspide del poder político municipal de turno. Y por sorprendente que parezca, resulta ser que una fiesta que supuestamente –y según dicen los manuales de antropología– se caracterizaría por suponer una transgresión de las normas sociales, ha pasado a ser, de hecho, una mascarada planificada, organizada y dirigida por los poderes políticos, donde incluso se llega a decirle al personal de qué tiene que disfrazarse cada año. Vamos, que si a eso se le llama “transgresión”, por la misma regla de tres podríamos suponer que en adelante, y como ejemplo de subversión, las huelgas contra un determinado gobierno las organice el propio gobierno; las manifestaciones antigubernamentales recorran las calles en el día y hora previamente señalado por las autoridades; las consignas coreadas y escritas respondan a las directrices del gobierno; y además de ello, dichas manifestaciones contra la política del gobierno sean encabezadas por miembros del propio gobierno... Obviamente la clase política no es tonta, y sabe que aquello de una dieta basada en el “pan y circo” es una muy buena estrategia para mantener contenta a la plebe, garantizándose con ello los suficientes votos para que en sucesivas elecciones la casta de toda la vida, o la neokasta de sustitución, pueda seguir viviendo cómodamente del cuento, y disfrutando sexualmente del cargo, pues es evidente que los que tienen poder político ligan más.

¿A qué viene todo este rollo previo, y qué tiene que ver ello con el BDSM? Vayamos por partes. Una es que como todas mis lectoras sabrán, soy un incondicional admirador, fanático, adepto –y adicto– del taconeo; que no hay cosa que más excite mis neuronas amorosas que esas maravillosas prolongaciones artificiales de los talones; y, ya se sabe, pocos elementos tan fetichistas y complementos “sine qua non” para realzar las escenas bedesemeras que esos estratosféricos taconazos. La segunda premisa que debemos tener en cuenta es que el travestismo, que puede ser un ingrediente de ese auténtico cajón de sastre al que llamamos BDSM, se suele asociar también al mundo carnavalero. No voy a entrar ahora a catalogar los distintos tipos de travestismo, ni tampoco a recordar que, en general, no me siento identificado con el más común de ese transformismo que se puede contemplar durante los carnavales, pues es algo que ya he tratado en otras homilías. Explicada esa ligazón entre carnavales, travestismo y BDSM pasemos a continuación a consultar las hemerotecas de la prensa canaria actual. Leamos:


“Los tacones toman las calles de Puerto de la Cruz (...) Son ya 22 las ediciones del maratón masculino con tacones, ‘Mascarita Ponte Tacón’, donde el desenfreno, la ironía y el desparpajo se volvieron a dar cita en tan disparatada prueba. Más de 22.000 personas se congregaron en la Plaza del Charco del Puerto de la Cruz y alrededores, donde desde primeras horas de la noche del viernes se dio inscripción a los participantes, marcando un nuevo récord de participación, con 443 inscritos. Los participantes pasaron la correspondiente verificación en el momento de su inscripción en la maratón, que consiste en la presentación de su fantasía y en la medición de sus tacones o plataformas, que deben medir un mínimo de ocho centímetros para poder participar. Otra de las peculiaridades que guarda esta loca competición es que para poder disputarla es indispensable la condición de ser varón.” (diario La Opinión de Tenerife, 15 de febrero de 2016) (http://www.laopinion.es/carnavales/2016 ... 56106.html).

¿¡Qué!? ¿¡Cómo!? ¡¡No puede ser!! ¡¡No me lo puedo creer!! Me estrego los ojos, y no es que se me haya corrido el rímel. Tampoco estoy soñando, ni estoy bajo los efectos de sustancias estupefacientes, así que, relajándome previamente y aspirando en profundidad, vuelvo a leer y releer: “Los tacones toman las calles de Puerto de la Cruz” :o, “Son ya 22 las ediciones del maratón masculino con tacones” :o :o , y, “Otra de las peculiaridades que guarda esta loca competición es que para poder disputarla es indispensable la condición de ser varón” :o :o :o . Pues no señoras. No es lo que alguna de ustedes y de forma maliciosa estará pensando, ¡que ya las conozco, pillinas! No es que me haya quedado desconsolado, abatido y triste por no haberme enterado a tiempo de dicha convocatoria, y donde hubiese podido lucir mis colecciones taconiles. No, mi asombro, indignación y perplejidad va por otro lado. Porque la lectura de tal noticia hace que me quede anonadado, totalmente desconcertado, y me pregunte: ¿En los carnavales sólo se disfrazan los varones? ¿A las mujeres no les gusta vertirse para carnavales? ¿Alguien me puede decir por qué una mujer no puede participar en esa supuesta “loca competición”? ¿Cómo es posible que quien haya redactado la noticia hable del “desenfreno” como algo inherente a dicha prueba cuando al mismo tiempo se está estableciendo frenos infranqueables y no disimulados para que 450.000 tinerfeñas y no se sabe cuantísimos miles de millones de extratinerfeñas no puedan participar en esa carrera? Porque es obvio que si la convocatoria de la prueba establece “que para poder disputarla es indispensable la condición de ser varón”, ello implica que si una mujer acude el día –o mejor la noche– del acto para unirse a la competición, su participación será tajante e incomprensiblemente rechazada por parte de las autoridades municipales, y todo por el mero hecho de haber nacido mujer. ¿Será que los políticos –en su secular cisgenérico y heteropatriarcal machismo falocrático– temen que una mujer entaconada, y por aquello del entrenamiento cotidiano con tal calzado, tiene mayores posibilidades de ganar la carrera frente a los hombres, los cuales –salvo yo :mrgreen:– no están acostumbrados a caminar sobre zancos, y ello dejaría en posición humillante y vergonzante a los más que previsiblemente derrotados corredores masculinos? De hecho la persona que tiene el récord de correr con tacones es una mujer (la alemana Julia Plecher), que tiene una marca de nada menos que 14’531 segundos para recorrer los 100 metros (https://www.youtube.com/watch?v=WJ2DC2X1e5k). La hipótesis expuesta no es descartable, pero para contrarrestar tal ventaja previa por parte femenina cabe argumentar que siempre se podría establecer distintas categorías de corredores, tal como se hace en las pruebas de atletismo, buscando homogeneizar los distintos grupos de participantes. Segréguese –propongo– por sexos y establézcase categorías masculina y femenina en la carrera. Divídase a su vez atendiendo a grupos de edad, de peso, de estatura, de color de la piel, de identidad y de orientación sexual, de rubios y morenos, seguidores de una dieta macrobiótica, halal, o de los que comen de todo. Agréguese a lo anterior el estado civil, de manera que no corran juntos solteros, casados, divorciados y arrejuntados. Nótese que también debería puntuar la existencia o no de menopausia o andropausia de atletas y atletos. Atiéndase igualmente a la declaración de la renta, y créense carreras de tacones para ricos, pobres, con trabajo, desempleados, estudiantes y hasta para ni-nis. Piénsese en no mezclar explosivas mezclas religiosas, porque aunque no me conste que el Corán prohiba correr con tacones, si es cierto que un islamista con babuchas podría llevar ventaja a la hora de taconear. Subdivídase a su vez por modelos de tacón, ya sea por altura o por grosor, así como por la presencia asociada de plataformas, porque es presumible que quien corra con robustos tacones cubanos no tardará lo mismo en completar la carrera que quien lo haga con deliciosos y gráciles tacones de aguja. Tómese en consideración, además, los complementos y adornos del calzado, de manera que puntúe positiva o negativamente la presencia de cuñas y peep toes; si se trata de sandalias, salones, botas y botines; si se lleva o no calcetines; o si la punta del calzado es digna o no de ser chupada, pues ello podría significar una ventaja de algunos centímetros a la hora de llegar a la meta. De hecho esa multiplicación de categorías de corredores y tipologías taconiles posibilitaría expandir hasta casi el infinito el número de ganadores, subganadores y merecedores de accésit de consolación, y con ello las entregas de premios, lo que le permitiría al alcalde y a sus secuaces salir infinidad de veces en las fotos de la prensa entregando el tan codiciado taconazo de oro, el tacón de plata y la chancleta de bronce a los mejores taconeadores de cada modalidad. Pero nada, soy un profeta en el desierto, porque todas estas propuestas resultan inútiles, y me siento como si le estuviese hablando a las paredes, ya que parece que no hay argumento alguno que valga para hacer entrar en razón a estos tollos (así se llamaba antes a los concejales), entre los que impera la intolerancia y el negacionismo de género, así como la femifobia, y que pese a las ventajas señaladas, la corporación municipal del Puerto de la Cruz seguirá optando por el sexismo más rancio, impidiendo a las mujeres expresar sus habilidades y competencias en el muy noble, sublime y divino ejercicio del taconeo, o lo que es lo mismo, pura y simple anulación, invisibilización y ninguneo de la voluntad de nada menos que del 50% del género humano que habita en este planeta de nuestra galaxia.
Y yo, incrédulo, alucinado y todavía en estado de shock, me pregunto: ¿Cómo es posible que ninguna activista profesionalizada o subvencionada de los innumerables observatorios contra la publicidad sexista y demás mojigatería puritana camuflada de modernidad no haya levantado su voz clamando contra este patente, ostensible y manifiesto ejercicio discriminatorio, y que además se viene repitiendo con premeditación, nocturnidad y reincidencia desde hace nada menos que 22 años, algunos de ellos bisiestos? ¿Cómo es posible que ninguna de esas amazonas de la igualdad que colmatan diarios, televisiones y concejalías municipales no haya exigido que las féminas puedan participar como corredoras en el Mascarita Ponte Tacón? ¿Cómo se explica que ONU-Mujeres no haya aplicado ese científico e infalible procedimiento metodológico de la perspectiva de género para diagnosticar que las bases bajo las que se rige el Mascarita Ponte Tacón constituyen un flagrante atropello del principio de la paridad lúdica? ¿Cómo es posible que el Ministerio de Igualdad, el Instituto Canario de ídem, las Cátedras de Género de las universidades canarias, y toda la tropa de imanes, gurús, sacerdotisas, misioneras, teólogas y catequistas de género no haya hecho frente común ante tan intolerable exclusión que condena a las mujeres, cual apartheid de género, a reprimir sus naturales, legítimos y constitucionales derechos a taconear en igualdad de condiciones que las mascaritas masculinas? ¿A qué están esperando Rita Maestre y las FEMEN para organizar una performance luciendo en sus pechos consignas del tipo “tacone@ para tod@s”? ¿Por qué, en el tiempo en que las féminas pueden llegar a ser generalas, concejalas o edilas, fiscalas o juezas, nuestro clero violeta mira para otro lado y calla ante una manifestación de tan extremo sexismo que impone un techo de cristal a las féminas hasta para poder divertirse corriendo? ¿No se quejan de que en Arabia Saudita a las mujeres no se les permite hacer atletismo si no llevan el pelo cubierto? ¿Y qué pasaría si la prensa moruna... –digo norsahariana, y para no emplear vocablos políticamente incorrectos– alegase que en Tenerife es peor, porque allí a las mujeres no es que les digan que tienen que taparse esto o aquello para poder correr, sino que simplemente vetan su participación en la carrera de Mascarita Ponte Tacón, y únicamente por el simple hecho de ser mujeres? ¿Y cómo se explica que en el muy liberal Tenerife a una mujer no se le permita correr entaconada, mientras que sí pueda hacerlo en un país tan homofóbico, transfóbico, bifóbico y ultraconservador en materia de sexualidad como es Rusia, y donde de forma más o menos subliminal se nos presenta a las mujeres que ganan esas carreras como prototipos de heroicidad femenina? (https://www.youtube.com/watch?v=14GzFOPmM4Q). En realidad, y ampliando lo dicho sobre el caso ruso, las carreras de tacones no las inventaron los “ranilleros” (para quien no lo sepa, gentilicio “cariñoso” para los naturales del Puerto de la Cruz), ya que se organizan también en otros países, y ya sea femeninas –en la mayor parte de los casos–, masculinas o incluso mixtas. Si buscan en internet “Running in Stilettos” podrán encontrar bastantes ejemplos de ello. En el caso de esas otras carreras de tacones, y cuando están específicamente diseñadas para varones, siempre suele haber un pretexto “solidario”, o como lo llamarían ahora, para mostrar con ello su “compromiso social” (una carrera de tacones masculina, por ejemplo, como muestra de solidaridad ante la violencia sexual sufrida por las mujeres). Ahora bien, por muy divertidas que se nos presente dichas carreras, las mismas no cuestionan para nada los roles sexuales, y de igual manera que en una competición entre hombres forzudos que arrastran camiones con los dientes, por muy friki y pintoresco que se nos presente la hazaña, ésta no deja de ser una reformulación de la tradicional exaltación de la virilidad exhibida en forma de músculos hercúleos.
Lo que sí diferencia la carrera de tacones del Puerto de la Cruz de otras carreras similares es que en estas otras, y salvo excepciones, las mujeres u hombres que corren no se disfrazan por regla general, ya que van vestidos de la misma forma que en su vida cotidiana, o de igual manera que si participasen en una prueba de atletismo, digamos “normal”. En cambio, en la carrera del Puerto de la Cruz no sólo hay tacones, sino que también hay vestimenta propia de carnaval, y, lo que también es importante, que no se trata de una prueba de velocidad, sino que los participantes ven dificultada su carrera por multitud de obstáculos, y cuyo objetivo acumulado no es otro que el de generar un escenario lo más grotesco y esperpéntico posible. ¿Algún problema en ello? No por mi parte, pues está claro que nadie obliga al personal a participar o ver tal espectáculo, y si la gente se divierte, pues me parece genial para unos y otros. Pero no por ello dejo de hacerme la siguiente pregunta. ¿Qué lleva a los políticos tinerfeños a prohibir –de hecho y por defecto– la participación femenina en un determinado acto de los carnavales? Supongo que para acercarnos a la respuesta deberíamos empezar diciendo que ese tipo de prohibición no es nueva. Quien haya leído los bandos municipales de comienzos del siglo XX –e incluso las directrices del Gobernador Civil hasta finales de la década de los 70, y principios de los años 80 del siglo pasado– podrá encontrar múltiples ejemplos en los que se advierte a la población que queda terminantemente prohibido durante los carnavales cosas tales como vestirse de mujer (dicho en bandos de hacia 1900 respecto a los hombres, pero no viceversa), o disfrazarse de religiosos, militares o autoridades políticas. Es decir, que la fiesta estaba permitida siempre y cuando no se sobrepasaran ciertos límites que cuestionasen la moral pública así como el buen nombre, la honra, la buena imagen y el honor de las élites gobernantes, porque obviamente quien se disfrazara de obispo, de militar o de autoridad política lo haría con la clara intención de ridiculizar a tales grupos parasitarios –¡y hasta ahí podíamos llegar!–. Pero ya ven, la fuerza de los hechos consumados mandó al museo de los horrores y del autoritarismo aquellas disposiciones oficiales, porque no habría suficientes furgones policiales para detener a toda la tropa de obispos, cardenales y monjas de imitación y todo a un euro que llenan las calles durante los carnavales. Algo hemos conseguido, se podrá argumentar... Ahora sólo falta que las mujeres se animen y decidan participar en la carrera de Mascarita Ponte Tacón... ¿Lo harán? ¿Se revelarán contra el despotismo de quienes quieren cercenar su libertad de vestirse y divertirse como a ellas les plazca? ¿Pasará como a mediados del siglo XX, cuando estando prohibidos los carnavales, los “grises” se dedicaban a perseguir a las mascaritas que osaban desafiar la prohibición oficial? ¿Se atreverá el delegado del Gobierno a mandar a los antidisturbios para aporrear y dispararle pelotas de goma a toda mujer con tacones que viole el toque de queda, y se detecte deambulando –o mejor taconeando– en las zonas y horarios de exclusión femitaconiles? ¿Osarán las feministas portuenses emular a sus colegas de Irún y Hondarribia, las localidades de Gipuzcoa donde las euskalfeminazis con su inconfundible flequillo al estilo borroka han conseguido romper el monopolio escrotal a la hora de desfilar vestidas –que no disfrazadas– de combatientes masculinos en la tradicional fiesta del Alarde (http://elpais.com/diario/2005/09/08/soc ... 50215.html)? ¿Le prestará su UNIPOL al Puerto de la Cruz el muy carnavalero alcalde Bermúdez de Santa Cruz, para con ella detener a todas las mujeres que se atrevan a desafiar el muy sexista “ordeno y mando” que les impide participar en aquella carrera? ¿Y qué pasará si se vislumbra en la carrera a algún sujeto entaconado pero cubierto con un burka; acaso se procederá –palpándolo– de igual manera a como se hacía antiguamente con los candidatos a ejercer el sumo pontificado del Vaticano, para comprobrar que no es una infractora, y su convexidad inguinal se ajusta a las distintas normativas comunitaria, estatal, autonómica, cabildicia y municipal relativas a participación en carreras de tacones? ¿Se atreverá alguna señoría o señorío del Parlamento de Canarias a recordarle a sus colegas y colegos del Ayuntamiento del Puerto de la Cruz que la Ley 1/2010, de 26 de febrero, Canaria de Igualdad entre mujeres y hombres, dice, en el apartado 1 del artículo 64, lo siguiente: “Las administraciones públicas de Canarias promoverán la igualdad en la participación de las mujeres y hombres en las actividades sociales, culturales, lúdicas y deportivas que se desarrollen en la Comunidad Autónoma”? (https://www.boe.es/diario_boe/txt.php?i ... -2010-4518) Soy pesimista en cuanto a que las mujeres, alienadas por la heteronormatividad testosteronista, se animen en este caso a desafiar este nuevo acto de extremísima discriminación patriarcalista, diseñado, planeado y conscientemente ejecutado para conseguir que, sometidas, las mujeres tengan que quedarse en la cocina de su casa, sin tacones, y sólo provistas de un calzado tan propio del servicio doméstico como son las insípidas, incómodas y esclavizantes cholas. Una reclusión carcelaria, la anterior, que choca frontalmente con el injusto, chulesco y elitista ejercicio de sus privilegios que la pertinaz lacra machista confiere a los machos, machunos y machirulos, los cuales, sí se autopermiten ir a taconear en el Mascarita Ponte Tacón. Es por eso, ¡amigas!, que se me agotan las voces y el diccionario carece de términos para describir tal incalificable, intolerable e inadmisible desigualdad intergenérica. Sólo me queda el recurso, temiendo que puedan acallarme para siempre, de gritar y alzar mi voz aún más fuerte que el martilleo de los 886 tacones de las tallas 42-45 que este año, de manera conspiranoica, han tratado infructuosamente en esa auténtica procesión del orgullo fálico de relegar, arrinconar, marginar y apartar por enésima vez a las mujeres de los espacios de libertad que tantas torceduras, callos y juanetes nos ha costado conquistar.
Pero, ya ven, y cambiándome de rol para ver las cosas desde la otra orilla, a pesar de lo denunciable del caso, sospecho que nadie llamará al 016, ni los partidos políticos aprovecharán esta descarada y notoria ilegalidad para atacar al rival, ni tampoco la cantautora Bebe compondrá un tema denunciándolo, sencillamente porque nadie va a cuestionar lo que no está escrito, pero se acata de manera consuetudinaria; porque forma parte del pensamiento dominante; pasa por progresista; es contemplado como signo inequívoco de modernidad; y ante lo cual sólo cabe la sumisión, dicha esta última palabra no en el sentido bedesemero del término, sino en el ideológico, ya que cualquier disidencia, atisbo de reparo o simple titubeo con los dogmas de género será inmediatamente anatemizado, estigmatizado y emasculado por las plañideras, inquisidoras y comisarias políticas de guardia, que al unísono aullarán: ¡¡misoginia, misoginia, misoginia!!
También es verdad que alguien podría argumentar que ese no dejar a las mujeres participar en la carrera de tacones tiene que ver con la tradicional y atávica sobreprotección que prestan las familias a sus hijas, temerosas de que una chica más divertida de lo normal, y animada por el consumo de bebidas espirituosas, pueda dejarse llevar por la excitación del momento, y, como resultado de esa noche loca, quedarse embarazada de quien no debía... Pero si eso fuese cierto, la prohibición no debería quedarse únicamente en impedirles a las féminas la participación en la carrera de tacones, sino que, lógicamente, debería hacerse extensiva a todos los días de carnaval, así como al resto de los fines de semana de todo el año. Muy por el contrario, la nueva ideología que exalta la independencia juvenil jalea a las chicas para que no se queden en casa, y se jacta del que las mujeres “tomen la noche”, lo cual, junto a fumar Marlboro Lights, es ofrecido como el mejor ejemplo de la pretendida liberación femenina. Entonces, si se supone que una mujer cuantas más cosas puede hacer más “empoderada” está; si se le empuja para que abandone la casa de sus padres y se independice; si le da barra libre para abortar, y por aquello de que “mi cuerpo es mío” –salvo para dedicarlo a la prostitución, en cuyo caso no se le reconoce ese derecho a decidir sobre su cuerpo–; si se le premia practicar deportes de riesgo; si es un ejemplo de elegancia y de intelectualidad universitaria liarse ellas mismas el cancerígeno cigarrillo con ese toque de labor bioartesana y ecosostenibe que imprime pasar el papelillo por los labios, ¿por qué al mismo tiempo se le veta hacer algo tan inocente y casi infantil como participar en el Mascarita Ponte Tacón, y todo ello con la manifiesta complicidad de las que se han autoerigido en supuestas adalides de la llamada emancipación femenina?
Mi impresión es que en la desquiciante y esquizoide paranoia de género de nuestra clase política, una carrera con mujeres entaconadas y haciendo el payaso –o mejor dicho, la payasa– sería percibida como un espectáculo que denigra a la mujer como ser colectivo. Pero entonces, pregunto: ¿y si son hombres las mascaritas que corren con tacones? ¿No se denigra y envilece con ello a la condición masculina? ¿O quizás se piensa que siendo hombres, para eso están...? No lo sé. Ayúdenme ustedes, estimadas lectoras, para intentar buscar una explicación mínimamente racional que pueda justificar el obvio sexismo que rige las bases para participar en esta atracción carnavalera. Mientras tanto seguiré pensando que, al fin y al cabo, y por mucho que nos vendan el espectáculo como algo supuestamente transgresor, en el fondo esos hombres no hacen otra cosa que cumplir con uno de los roles que el tradicionalismo otorga a los varones, especialmente de las clases más populares, y que no es otro que el de actuar como bufones, y además y en este caso sin cobrar por ello del presupuesto municipal. Recordemos que tener una posición social elevada no es algo que venga dado por el nivel de vida del que se goce –ahí está el Quijote, que siendo un hidalgo, no tenía un duro– sino que es algo que se advierte en nuestra forma de comportarnos socialmente. Todas las damas y caballeros que se precien no se comportarán como gritones, escandalosos y zoeces parroquianos de algún lúgubre guachinche, descamisados, con un mondadientes perpetuo en la boca, y un Krüger de reserva en la oreja. Por el contrario, es la compostura, el glamour y la exquisita educación lo que de toda la vida distinguía a la gente bien de la chusma barriobajera. Y es precisamente por eso que los progenitores que aspirasen a preservar o elevar el estatus social de su descendencia, se cuidaban muy mucho de inculcar en sus hijos los buenos modales y el comportarse como las personas con clase que se les suponía, y que el día de mañana les distinguiría de los sudorosos proletarios. Hoy en día, mutada la aristocrática ideología clasista en supremacista ideología de género, procede trasladar a los sexos los comportamientos que antes se asociaba a la posición social, procurándose que la nueva clase elegida no se comporte como los patanes del sexo inferior.

P.S. No conozco los pormenores de la gala Drag Queen del carnaval de Las Palmas, por lo que invito a la tropa bedesemera y/o LGTBera de la isla de enfrente (sin caer en el pleito insular, por favor :roll:) a que me corrija. Pero en principio observo algunas similitudes con lo dicho sobre el Mascarita Ponte Tacón. Transcribo primero lo que encuentro en Wikipedia, donde se puede leer respecto a este festival lo siguiente: “En las bases no existe ninguna limitación de género u orientación sexual, si bien son hombres en su mayoría. En 2008 se presentó por primera vez una mujer, Norma Ruiz (Drag Noa).” Sorprende, añado yo, que siendo la gala Drag Queen una actividad tan masculinizada donde la casi totalidad de las estrellas principales son chicos, nuestro feminismo isleño no parezca tener interés en reclamar la paridad o al menos una mayor participación femenina en el festival. No me extraña del todo, porque a diferencia de las galas de elección de las reinas del carnaval, donde se premia la belleza, saber estar de la concursante, así como sobre todo el esplendor del disfraz, y donde las participantes vienen a ser equivalentes, cuando no aspirantes, de quienes se presentan a concursos de misses o modelos de la pasarela –todo ello objetivo muy valorado en el mundo de la realización femenina–, en el caso de la gala Drag Queen, sus concursantes son hombres –presumiblemente no heterosexuales, pero varones, que es lo que importa–. Y eso supone y permite que en la gala Drag Queen no asistamos a un simple desfile de cuerpos y disfraces, ya que ante todo lo que se espera es un espectáculo que genere risas por parte del público. ¿Estallan en carcajadas los asistentes a los concursos de reinas del carnaval cada vez que desfilan las candidatas? ¿Verdad que no? ¿Y por qué sí se mueren de risa los asistentes a la gala Drag Queen? ¿No estamos otra vez ante una repetición del mismo esquema descrito para el Mascarita Ponte Tacón, donde hacer de cómico es algo privativo –o mejor, reservado– para ciertas categorías sociales y sexuales de varones? ¿Se permitiría una gala donde unas lesbianas, ataviadas con altísimas plataformas, y a imagen y semejanza de sus colegas gay, se moviesen de forma grotesca en el escenario –digo “grotesca” no como juicio moral, sino con el valor de ‘cómico que recurre mucho a la gesticulación’–; y, en muchos casos, terminasen su representación semidesnudas y enseñando a los espectadores sus dignísimos, siameses y alopécicos gluteos? ¿O quizá si esto sucediera sería objeto de excomunión y censura, alegándose que tal comportamiento denigra y cosifica a las mujeres, justificándose todo ello en base a las encíclicas de la nueva religión de Estado, laica y de género?

Besos y tacones para todas (toc..., toc..., toc...). :mrgreen:
Me gusta el otoño, porque es cuando las chicas usan las botas.
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Re: Presentación

Notapor nacidoparasumision » Mié May 11, 2016 12:07 pm

No se crean ustedes que eso del travestismo es moda reciente generada por la permisividad de una sociedad decadente y sin valores. No, el tema es tan viejo como el mundo, o, mejor dicho, se retrotrae al momento en que el Homo sapiens tuvo la genial idea de empezar a vestirse, y para gozo y delicia de los fetichistas de por aquel entonces. En efecto, porque me pongo a meditar :roll:, y me espanta pensar en cuán aburrida y triste debía ser la vida de aquellos Australopithecus afarensis deambulando por las cálidas sabanas africanas. Nada atrayente en que fijarse, ni tacones, ni botas, sólo la visión de los pies encallecidos de sus congéneres cuando trepaban a los árboles. Pero he aquí que a veces el tan denostado cambio climático ha conllevado importantísimas evoluciones en la conducta humana. Y es así que para no morirse de frío, el genio de nuestra especie ideó abrigarnos, y se creó la vestimenta. Más tarde, y para evitar rompernos las uñas de los pies al darnos con las piedras, nuestros ancestros inventaron el calzado. ¡Quién lo iba a pensar! ¡Quién podía imaginar que desde aquellos primitivos pedazos de cuero o de piel se evolucionase hasta los actuales "manolos"! Carezco de información acerca de si aquellos protohumanos procedían a vestirse de manera diferente de acuerdo con su sexo, -que no del "género", pues en tal época no habían todavía inventado tal concepto-, o si, por el contrario, seguían una moda unisex. En cualquier caso, dejemos a los arqueólogos desentrañar tan importantísimo enigma, y centrémonos en la época histórica, donde ya contamos con documentación escrita que nos permite avanzar hipótesis. No voy a recurrir a los ejemplos de la mitología clásica en los que se menciona casos de individuos que recurren al cambio de sus vestimentas por las del otro sexo, pues simpre podrá argumentarse que son sólo figuras metafóricas que no responden a la realidad histórica. Me centraré, por contra, en aquellos otros textos que en su origen cumplían la función de legislar sobre la moral, pues reflejan mejor la auténtica mentalidad de la época. Para ello voy a recurrir -y suplico no se me espante el personal- a recoger una parte de la lección magistral que en los USA impartió nuestro tristemente célebre ZP :o. Y no, no todo fue negativo en dicho tiempo, pues es gracias a este simpático personaje que tengo munición para hablar del tema que me fascina. Pero cortemos ya con farragosos prolegómenos; ruego hágase el silencio en la sala; guárdese la debida compostura :ugeek:; y dejemos hablar a Pepe Luis:

"Permítanme que les lea un pasaje de la Biblia, del capítulo 24 del Deuteronomio. 'No explotarás al jornalero pobre y necesitado, ya sea uno de tus compatriotas o un extranjero que vive en alguna de las ciudades de tu país. Págale su jornal ese mismo día antes de que se ponga el sol porque está necesitado y su vida depende de su jornal'. (...) Hoy mi plegaria quiere reinvindicar igualmente el derecho de cada persona, en cualquier lugar del mundo, a su autonomía moral, a su propia búsqueda del bien. Hoy mi plegaria quiere reinvindicar la libertad de todos para vivir su propia vida, para vivir con la persona amada y para crear y cuidar a su entorno familiar, mereciendo respeto por ello." (discurso pronunciado por el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, en el Desayuno Nacional de Oración celebrado el 4 de febrero de 2010 en Washington).

Sequémonos las lágrimas de la emoción, y pasemos a comentar tan existencial, emotivo y profundo texto. En su momento, la prensa antizapaterista explotó al máximo la repentina conversión al cristianismo del agnóstico ZP, que, con tal de hacerse un selfi con tío Obama era capaz de dar clases de ética recurriendo al mismo manual que usan los Testigos de Jehová. A mí personalmente me la trae floja lo que esos señores hagan en sus desayunos, pero es que hay un detalle relacionado con mis parafilias que me llama mucho la atención, y que paso seguidamente a tratar.
No sé si fue por convencimiento ideológico o simplemente porque para eso le pagaban, pero lo cierto es que el iluminado y anónimo asesor literario del señor ZP quiso darle a entender por medio de su profeta a los evangélicos yanquis que la Biblia es tan progre como cualquier postmarxista europeo; que no se vayan ellos (los gringos) a creer que el "compromiso social" es patología infantil exclusiva de podemitas y perroflautas del 15-M, sino que, muy por el contrario, ya 20 siglos antes de que se publicase el Manifiesto Comunista, las ideas que recogían el anhelo libertario de todos los desheredados de la Tierra estaban ya escritas en lo que posteriormente se convirtió en el libro santificado por los -paradójicamente- defensores del capitalismo más inhumano y salvaje. Ignoro si nuestro misionero sociata habrá conseguido un alud de conversiones entre su avergonzada audiencia de plutócratas estadounidenses, y tampoco sé si el pregonero leonés sabía realmente de lo que hablaba, o si sólo se limitaba a leer, y a imagen y semejanza de como acostumbraba el -a la sazón- superior jerárquico del Estado del que ZP presidía gobierno. Lo anterior lo digo porque, si Zapatero alude al matrimonio gay en su lacrimógena disertación ("Hoy mi plegaria quiere reivindicar la libertad de todos para vivir su propia vida, para vivir con la persona amada y para crear y cuidar a su entorno familiar, mereciendo respeto por ello"), y para tal cosa ha recurrido a la autoridad moral del capitulo 24 del Deuteronomio, supuestamente pleno de ideas "igualitarias" y de compromiso con los oprimidos, por la misma regla de tres debería advertírsele al de la ceja que sólo dos capítulos antes, el mismo libro dice lo siguiente: "No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer, porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace." (La Biblia, Deuteronomio, capítulo 22, versículo 5). ¡Ah, ja, ja! ¡¿Así, ZP, que te declaras probíblico y alzas tu -laica- plegaria a Jehová para legitimar el matrimonio homosexual, pero haces la vista gorda cuando tu mismo libro sagrado despotrica contra el travestismo?! ¡¿Es esa tu idea de la tolerancia y de lo que entiendes por "libertad de todos para vivir su propia vida"!? ¡Eso se llama coherencia intelectual. Sí señor, don ZP!
En realidad a Zapatero le importaba un pimiento lo que diga el Deuteronomio, y tanto le hubiese dado leer ese libro como las editoriales del chicharrero diario El Día. No, seamos sinceros, lo que ZP quería era simplemente hacerse la foto junto a su colega Obama, porque ello le permitía aparecer ante el electorado español de igual a igual con el "moreno" que estaba de moda y era presentado por los medios como el más chupiguay de los presidentes, haciendo realidad aquella profecía de Leire Pajín en la que pronosticaba la conjunción planetaria de los dos insignes e inigualables estadistas.
En algo coincidía ZP con su libro bíblico, porque hace ya 2.000 años de ello, el Deuteronomio era igualitario a su manera, ya que censuraba tanto el travestismo masculino como el femenino. En cambio, hoy día el travestismo es por antonomasia algo genuinamente masculino -y sólo masculinamente censurable-, por la simple razón de que la mujer goza de libertad para vestirse como le venga en gana. O lo que es lo mismo, que la condena social hacia el travestismo se aplica exclusivamente a los hombres, no censurándose lo que las féminas se pongan encima, por muy masculinas que puedan considerarse esas prendas. ¿Se escandaliza la tropa por ver a una mujer con pantalones, a pesar de que dicha prenda era de uso exclusivo para los varones hasta hace pocas décadas? ¿Se me turba -que no "masturba"- la gente por ver mujeres con corbatas o con botas, cuando dichos complementos fueron siempre de uso masculino? En otras palabras, que en este caso el devenir histórico es represivamente selectivo en cuanto que se pasa del todos apaleados, al sólo y exclusivo linchamiento de los varones, y precisamente en un contexto donde la propaganda oficial nos presenta una supuesta realidad actual justamente contraria a la que en verdad existe, dibujándonos un mundo donde serían las mujeres las que verían cercenadas su libertad para vestirse a su gusto. De ahí que sea muy frecuente en la prensa occidental la recurrente acusación al mundo islámico porque -nos dicen- se obliga a las mujeres a cubrirse con pañuelos y burkas, olvidándose que en el propio Occidente no está permitido socialmente el que los hombres se vistan como a ellos se les antoje.
El travestismo sólo existe en la medida que genera animadversión social. Si las mismas prendas son usadas por personas del otro sexo, y no se advierte rechazo hacia ello, no puede hablarse entonces de travestismo, ya que sería percibido simplemente como una muestra de la evolución de las modas. El mejor ejemplo de lo que digo se aprecia si comparásemos el sentir popular ante el uso de pantalones por las mujeres, y de faldas por los hombres. Y no sólo eso, sino porque la intención del que se viste con ropas que socialmente y en un momento dado se asocian al sexo contrario es la de identificarse con esa otra forma de ser. El hombre que se traviste saca fuera su lado femenino, pero no sucede igual con la mujer que se pone pantalones, pues, por lo general, en modo alguno lo hace para parecer masculina, sino simplemente por seguir la moda. Si, por el contrario, lo que estuviese mal visto fuese que las mujeres adoptasen vestimentas masculinas, ya se encargarían las catequistas de la nueva religión de género de visibilizar tal oprobiosa discriminación, haciendo constar que se trataría de una inadmisible imposición de la asfixiante heteronormatividad patriarcalista. Así pues, si el travestismo es una conducta masculina, pocos votos podría dar exprimir el tema electoralmente hablando. No me extraña por eso que los partidos políticos nada digan sobre el asunto. Aunque pensándolo bien, mejor que sea así, porque ver a Rajoy o al morado Querido Lider con tacones :?, intentando captar mi voto de tal manera, podría afectarme gravemente la salud.
Ciao y hasta otro día :mrgreen:
Me gusta el otoño, porque es cuando las chicas usan las botas.
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