Carnaval

Es sábado por la mañana. Estoy pasando el aspirador. Mi mujer ha salido a comprar.
Suena el timbre de la puerta, la abro y me encuentro con dos monjas. Una es alta, bien parecida y sonrisa agradable. La otra, mas bajita, regordeta y semblante alegre.

La mas alta enseguida empieza a hablar rápidamente. Sin darme tiempo a nada, ya se han colado en el recibidor.

“Pasemos al comedor que estaremos mas cómodos”, dice decidida.

Me hacen sentar en el sofá, una a mi lado y la otra en la butaca contigua.

“Queremos que colabores en esta buena causa…bla..bla..bla…”.
Literalmente me siendo arrollado y a duras penas articulo palabra. Además tampoco me dejan.

“Ya sabemos que en este mundo todo se paga y que todo tiene un precio…, por lo tanto nosotras también sabremos agradecer tu colaboración económica”, dicho esto, la monja mas gordita se levanta con presteza y una gran sonrisa en los labios, que me a mi me parece un poco picara.Se pone delante de mi, se coge el habito por los lados y empieza a subirlo lentamente. Como si se subiese el telón del teatro. Cuando esta por encima de las rodillas, me pregunta, “¿Quieres colaborar?, ¿sigo?”, antes que reaccione la otra le dice:

“Sigue mas arriba, que la cosa va bien”.

Estoy muy sorprendido, y siento una mezcla de sensaciones. De pequeño fui a un colegio con monjas y siempre tuve una insana curiosidad. Durante una época me masturbaba imaginándome alguna de las monjas desnuda. Delante de mi, el “telón”, sigue subiendo y ya se adivina el principio de las bragas.  Tiene unas piernas regordetas pero bien formadas. Se da la vuelta y repite la operación hasta que su culo queda delante de mi con todo su esplendor. Es un culo hermoso, redondeado y atractivo. Mi atención esta concentrada en esta visión que escenifica una de mis fantasías infantiles, y no atiendo lo que la otra dice y hace. De pronto, noto como su mano se pasea por encima de mi pantalón, siguiendo el contorno de mi polla, que hace rato que esta dura. La miro sorprendido. Ella con una sonrisa, me tranquiliza:

“Tú déjate hacer, nosotras ya sabemos lo que hacemos”.

Al volver la vista hacia la otra, me encuentro con su chochete delante de mi, ya liberado de las bragas. Abre las piernas y lentamente se lo empieza a acariciar, dejándome ver sus labios sonrosados coronados por un abundante felpudo negro. La otra sigue con las caricias sobre mi pene, marcando claramente el principio y el final del bulto. De pronto se abalanzan sobre mi y entre las dos, me tiran de los pantalones hasta prácticamente arrancármelos, dejándome con la polla empinada, sentado en el sofá y sin saber que hacer ni decir. La mas alta se sienta a mi lado y me lleva la mano, por debajo del habito hasta su muslo. La otra se arrodilla delante de mi, me sube y baja varias veces el pellejo contemplando golosa lo que tiene entre las manos.

Finalmente se decide y se lo pone en la boca. Primero solo el capullo. Lo llena de saliva y luego, me lo acaricia con la mano suavemente. Se la vuelve a meter y ahora parece que se la traga. Mueve la cabeza a un lado y otro, siento un roce indescriptible que me hace retorcer de placer.  Ahora su cabeza sube y baja, a medida que se la mete y se la saca.
Se entretiene jugando con la lengua y con los labios con el borde del capullo o con la punta. Las sensaciones son muy placenteras y estoy casi a punto de correrme. Nunca hubiese imaginado que me pudiese ocurrir una cosa así.

Tres fantasías en una. Las monjas desnudas, estar con dos mujeres al mismo tiempo y que una me haga una mamada. Es demasiado!!. Como a disgusto, las mas gordita deja la presa con la faena inacabada por muy poco. La otra me hace tumbar en el suelo, ella se sienta encima de mi, se mete la mano bajo el habito, busca mi polla, se la encara hacia su chocho y se la deja clavar hasta el fondo. Un gemido de placer se le escapa mientras empieza a cabalgar sobre mi. La otra, un tanto decepcionada, se esta masturbando alegremente tumbada sobre el sofá. Desgraciadamente para mi jinete no puedo aguantar mas la excitación y me corro mientras digo:

”Salta…salta, metela hasta el fondo”.

Ella continua un poco mas, aprovechando lo que queda, hasta que se relame y lanza un grito como diciendo, “trabajo cumplido y con excelentes resultados”. Tras unos instantes de confusión, se levanta recompone sus ropas y se reúne con su compañera que ya la espera con apariencia de no haber roto un plato nunca. Se despiden y tan rápido como habían entrado se van si volver a mencionar la causa de su visita. Yo todavía no es salido de la nube, y trato de poner en orden las ideas. No entiendo nada de nada.

La semana siguiente, nos reunimos las parejas de amigos para celebrar el carnaval.
Casi todos llevamos nuestro disfraz mas o menos conseguido. Al ver la amiga de mi mujer y otra chica disfrazadas de monjas comprendo la aventura del sábado. En un momento de la fiesta, ella se me acerca y me dice:

“Mi venganza ha sido muy dulce.”, “estas cosas te pasan por contar tus fantasías y secretos… como me paso a mi”, “ y no le digas a tu mujer que te lo he dicho, que se enfadaría conmigo”.

“Ya hablare yo con ella y le pediré explicaciones”, le digo con una sonrisa, “ahora solo tengo ganas de coger a esta monja por la cintura mientras bailamos”.
 

Deverano